¿Estaba claro, no? Sin embargo, no siempre los que somos fumadores disponemos de las cifras exactas a la que asciende nuestra contribución. Ahora sí las sabemos. Concretamente, el año pasado los fumadores pagamos 9.266 millones de euros en concepto de impuestos. 7.561 millones en concepto de impuesto especial sobre las labores del tabaco y los 1.075 millones restantes por IVA. Una cantidad que, sin ser exagerada para los presupuestos públicos, es bastante considerable. De hecho, la recaudación ascendió un 4,5% respecto al año precedente, lo que debería hacer pensar sobre los resultados de la legislación aplicada hasta el momento. Para los fumadores este hecho no es banal, ya que del precio de cada paquete apróximadamente un 80% son impuestos, de los que alrededor del 74% corresponden únicamente al impuesto especial sobre las labores del tabaco. Ahí es nada.
Haré ahora un pequeño ejercicio de economía recreativa, centrado en mi persona. Fumo un paquete diario, lo que añadiendo los extras de las salidas nocturnas en los fines de semana, da un total de 44 paquetes al mes, o lo que es lo mismo, 528 al año. Compro Camel, y casi siempre en los estancos, pagando un precio de 2,70 € por paquete. Así que mi contribución anual al erario público sólo en calidad de fumador es de 1.425,60 €. ¡Qué me dices!
Es más, volvamos al porcentaje del impuesto especial en el precio de cada paquete. Como véis, estoy siendo condescendiente al permitir el IVA por su carácter genérico. Al ser de un 74%, si sustraemos el tributo particular, mi paquete de Camel me costaría sólo 0,70 €, y ese precio incluye por sí los costes de distribución, almacenaje, etc. No es pequeña la diferencia. Ahora bien, ¿por qué esa manía con los fumadores?
Pequeña lección para los poco duchos en economía. El tabaco es lo que llamamos un bien con una demanda inelástica, es decir, un bien cuya demanda experimenta poca variación respecto a los precios. Por ejemplo, si yo subo el precio del tabaco un 20% la demanda del mismo variará en una proporción mucho menor, ya que la mayoría de personas dispuestas a seguir pagando el nuevo precio con tal de introducir un poco de nicotina en sus pulmones, mientras que algunas de ellas buscarán medios más económicos (como el tabaco de liar). Las menos, en última instancia, se plantearán dejar de fumar, pero casi podría asegurar que este tipo de decisiones toman los precios únicamente como una justificación complementaria, no como la principal.
Habrá quien piense que, aunque las cifras impositivas puedan ser altas, están plenamente justificadas. El tabaco es perjudicial para quien lo consume, y por esa razón, ha de ser penalizado de alguna forma. Este es el típico argumento paternalista que ni me pararé a rebatir, al margen de sus razones. Nadie las niega, mucho menos yo. Ahora bien, ¿quién eres tú, mequetrefe, para decirme qué he o no he de hacer siempre que no te perjudique? Sin embargo, este argumento puede elaborarse de una forma mucho más elegante, con dos vertientes: 1) Aunque tú tengas todo el derecho del mundo a fumar, el humo que la gente inhala le perjudica sin quererlo; y 2) El tratamiento de las enfermedades derivadas del consumo del tabaco tiene unos costes, y si quieres que en un futuro se te atienda médicamente, has de entender que la totalidad de los contribuyentes está pagando por algo que no es culpa suya, sólo tuya. De ahí que tengas que financiarlo de alguna forma.
Estoy plenamente de acuerdo con el primer argumento, y por esa razón, apoyo que se tomen ciertas medidas para evitar el conflicto entre fumadores y no fumadores. El que los espacios públicos cerrados se declaren "libres de humo" es una de ellas. No estoy tan de acuerdo con otras, como obligar a los bares y restaurentes a mantener zonas separadas, recluyendo a los fumadores a un gueto particular con forma de pecera en el rincón más oscuro del restaurante. A fin de cuentas, esa decisión ha de corresponder únicamente al dueño del establecimiento. Él decidirá si permitir a la gente fumar o no, o bien mantener zonas separadas para ambos con todos los requisitos pertinentes. En cualquier caso, el argumento recaudatorio se cae por todos lados. Es más: sería mucho más eficiente que se administrasen mecanismos efectivos de compensación particular para no fumadores, en caso de que se demostrase en cada caso que la inhalación concreta o prolongada ha sido la causa de su enfermedad. Lo veo complicado, sin duda, pero sería lo más justo.
Ante el segundo argumento, no puedo más que mostrar mi rechazo. ¿Cómo que como tendrás que cuidar de mi en un futuro, he de verme obligado a sufragarte tales gastos? ¿Y si no tengo ninguna enfermedad, por muy probable que sea? ¿Y si decido dejar de fumar el año que viene, reduciendo drásticamente mi riesgo de enfermedad, quién me compensará por los impuestos ya otorgados? Es más, ¿y si quiero tratarme mis futuras enfermedades en una clínica privada? Déjate de excusas: lo que quieres es recaudar, y para ello, te diriges a un colectivo del que sabes que, prácticamente bajo cualquier circunstancia, estará dispuesto a pagar 20 céntimos más con tal de tener su paquete de tabaco. Ni más ni menos, y si eres coherente, quitarás los tributos añadidos, o al menos la mayoría de ellos, y dejarás de hablar de mis cuidados futuros. Si te autoperjudicas, eres el único responsable, y por tanto, sólo tú mismo has de acarrear con los costes derivados de tu acción.
Eso sí, consejo para mis congéneres fumadores: Ningún seguro os aceptaría, así que si no tenéis intención de dejar de fumar, ahorrad pequeñas cantidades en una cuenta a plazo fijo entre 40 y 50 años. Es la opción más rentable, sin duda.
Publicado por
Gaspar Duarte